La académica UC y experta en políticas públicas, María Fernanda Ramírez, conversó en Después de Todo, de Radio 13C, sobre cómo la pandemia reabrió la brecha de género en matemáticas y afectó especialmente a las niñas
La académica UC y experta en políticas públicas, María Fernanda Ramírez, conversó en Después de Todo, de Radio 13C, sobre cómo la pandemia reabrió la brecha de género en matemáticas y afectó especialmente a las niñas
Durante años, Chile venía mostrando pequeños pero consistentes avances en la reducción de la brecha de género en matemáticas. Sin embargo, los datos del último SIMCE confirmaron un retroceso que encendió las alarmas: las niñas fueron quienes más bajaron su rendimiento durante la pandemia.
En el programa de Radio 13C, Después de todo -conducido por Soledad Onetto-, María Fernanda Ramírez, académica UC e investigadora en políticas públicas, analizó qué hay detrás de esta diferencia y por qué no se trata solo de números, sino de oportunidades que se cierran demasiado temprano.
Según Ramírez, la brecha no aparece de un día para otro. Es la mezcla de varios factores que se intensificaron con la educación remota: mayor carga doméstica sobre niñas, menos tiempo de estudio y estereotipos que siguen operando en silencio, incluso dentro del propio hogar. “Hay un mensaje que se instala: pensar que ellas son naturalmente menos buenas para las matemáticas. Y eso termina afectando su confianza”, explicó.
El impacto no queda solo en la enseñanza básica o media. La investigadora recuerda que el acceso a carreras STEM depende fuertemente del rendimiento en matemáticas. Si las niñas llegan con menos herramientas o menos seguridad, también llegan con menos opciones y eso ya se ve reflejado en la PAES, donde las brechas entre hombres y mujeres vuelven a aparecer.
Para Ramírez, la solución no pasa únicamente por reforzar contenidos, sino por cambiar las condiciones que generan la brecha. Desde apoyar a las familias, trabajar la motivación en las salas de clases y actualizar la política pública con foco de género, el desafío es conjunto. “Aquí no se trata de exigir más, sino de equilibrar la cancha. Si no intervenimos ahora, seguiremos perdiendo talento valioso”, señaló.
La conversación con Soledad Onetto dejó algo claro: el retroceso existe, es medible y tiene consecuencias reales. Pero también es una oportunidad para replantearse cómo se está enseñando, acompañando y motivando a niñas y jóvenes en un área que puede definir su futuro académico y laboral.
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