El director del Centro de Estudios Tributarios de la Universidad de Chile, Gonzalo Polanco, sostuvo que traspasar plenamente el alza del petróleo al consumidor podría elevar el costo de vida, por su impacto en transporte, alimentos y energía, en un contexto de incertidumbre sobre la duración del shock externo.
El director del Centro de Estudios Tributarios de la Universidad de Chile, Gonzalo Polanco, sostuvo que traspasar plenamente el alza del petróleo al consumidor podría elevar el costo de vida, por su impacto en transporte, alimentos y energía, en un contexto de incertidumbre sobre la duración del shock externo.
El eventual ajuste al Mecanismo de Estabilización de Precios de los Combustibles (MEPCO) volvió a instalar la discusión sobre el efecto que pueden tener las alzas del petróleo en el bolsillo de las personas y en la inflación. En entrevista con Cadena de Valor, el experto tributario y director del Centro de Estudios Tributarios de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, Gonzalo Polanco, advirtió que si el aumento se traspasa por completo a los consumidores “se puede generar un problema inflacionario bastante serio”.
Polanco explicó que el escenario es especialmente complejo por la incertidumbre: no está claro cuánto durará el conflicto que empuja los precios ni si el petróleo se mantendrá en niveles elevados. A eso se suma —dijo— que se trata de un bien de demanda inelástica, es decir, difícil de sustituir en el corto plazo. “Las personas necesariamente tienen que consumir”, ejemplificó.
El académico recordó que Chile es importador neto de petróleo, por lo que el país enfrenta un factor sobre el cual tiene “ningún control”. En ese marco, planteó que la discusión sobre subsidios o mecanismos de estabilización se está dando también en otros países, justamente para amortiguar las consecuencias negativas del alza.
Sin embargo, subrayó que el costo fiscal de mantener por mucho tiempo un esquema de contención de precios no es trivial. “Este es un costo para el Estado que no es posible prolongarlo por mucho tiempo”, sostuvo en referencia a la tensión entre la necesidad de alivio y el impacto en las cuentas públicas.
Según explicó, el MEPCO funciona mediante ajustes al componente variable del impuesto específico a los combustibles: cuando el precio está muy alto, el impuesto se reduce; cuando está bajo, el impuesto aumenta para recomponer recursos. En la práctica, esto implica que el Estado puede recaudar menos en períodos de alzas, con el fin de suavizar el precio final para los consumidores.
El punto social, añadió, es que los combustibles no solo afectan a quienes conducen. “Los alimentos se transportan” y parte de la electricidad se genera usando combustibles, por lo que un encarecimiento sostenido puede propagarse a precios en cadena y terminar golpeando con mayor fuerza a los hogares de menores ingresos.
Polanco también repasó el origen del impuesto específico a los combustibles, establecido por ley en 1986 tras el terremoto de 1985, con el objetivo de financiar la recomposición de infraestructura. Indicó que, aunque la reconstrucción de esa época terminó, el tributo se mantuvo porque en Chile los impuestos no quedan amarrados a un destino único (“no existen los llamados tributos de afectación”).
Desde un punto de vista técnico, el experto señaló que el diseño del impuesto presenta problemas de eficiencia ambiental: explicó que los combustibles generan externalidades negativas como contaminación, pero que en Chile el petróleo —al que calificó como más contaminante— tiene un impuesto más bajo que la gasolina, lo que tensiona la lógica de un impuesto correctivo.